Por Daniel Pérez

En “Una Visión Actual del Arte Argentino”.

CABA. Ediciones Institucionales. 2015. pp. 275

 

¿Quién podría superar los embates del hastió sin el prodigioso manantial de los sueños, que nos deleitan y nos maravillan con la luz mágica de una imprecisa e inminente felicidad, cuyo resplandor, todavía indescifrable, nos espera en algún radiante giro del futuro?. ¿Y en qué otro lugar sino en el fondo de nuestra mente podría residir el “Repartidor de sueños” que vincula la imaginación poética de Zully Melo con los irreverentes perfumes del surrealismo, ese paradójico movimiento artístico que se propuso, como objetivo primordial de la conciencia, la liberación del inconsciente y que usó las viejas y gastadas palabras, ajadas por siglos de uso negligente para despertar los mundos que dormitan en nuestra imaginación?. De manera semejante, Zully Melo esgrime el diálogo de los dos universos que la enamoran, donde el rico lenguaje de forma y color se asocia a la estimulante

pirueta de las palabras, para intensificar el deleite que nos lleva del improbable y lúdico personaje central, vestido de arlequín y dedicado a repartir sueños a bordo de una prosaica bicicleta, hasta la gozosa fiesta cromática de su pintura, una arrebatada danza de rojos plenos y azules apasionados

que se recortan contra las idílicas tonalidades y reflejos del cielo, cuya suave transparencia parece extraída de un cuento infantil.

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Por Osvaldo Mastromauro

En “Colección de Arte Argentino: Talento y creación”

C.A.B.A. Institucionales. 2016. pp. 250

 

La cantina memora un antiguo tango que mueve el corazón de los adictos al genero. Zully Melo enfoca el tema desde un angulo muy personal, con personajes vistos a contraluz y de perfil, recreando, en clave de fantasía, aquello que fue refugio y referencia de otras épocas, si bien

perduran aun, estos simbióticos comercios enclavados en barrios típicos de Buenos Aires.

En clave futurista -sin referirme al movimiento de Marinetti- , Melo instala personajes cuyo perfil o características parecen pertenecer a otra época, pero cuya esencia permanece ligada a esos bodegones que conocieron otra infancia. Mediante un uso vivo del color, utiliza segmentos de la tela para figurar bien un mostrador, que también puede ser un bandoneón.

Desde el cuadro que hace de fondo de la escena, hasta las botellas en primer plano y los extraños personajes que parecen ignorarse, inmersos cada cual en su mundo, el boliche proyecta a un mundo futuro aquello que fue melancolía y símbolo de amistad otrora. El enfoque es nítido, potente, sin rodeos; la propuesta visual, clara y contundente.

La artista nos instala en un mundo donde parece primar la comunión con otros seres, pese a signos

de indiferencia, pues el ámbito que pinta es justamente de encuentro.

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Por Julio Sapollnik

En "Arte argentino. Belleza y creación".

C.A.B.A. Institucionales. 2019. pp 239

 

La obra de Zully Melo alcanzo una madurez plástica que le permite trabajar cada pintura de manera

inteligente y sensible. Así como en la vida, la artista atravesó por varias etapas que la solidificaron. Su mano fluye de un sector a otro del cuadro al igual que las ideas que las sustentan. “Cambalache” es un buen ejemplo de estas deducciones. Debajo de un cielo azul y luminoso, pintado de manera sensible, se presenta una visión urbana inestable y caótica. Todo se derrumba y asoma en esa anarquía, de tonalidades rojizas anaranjadas. Es el fuego que todo lo consume. “Apocalipsis” se titula el ultimo libro del Nuevo Testamento en la Biblia. En el sentido figurado, un apocalipsis puede ser un evento catastrófico que, a su vez, traducido del griego, significa `revelación´. En sentido cristiano, el Apocalipsis desemboca en el final de los tiempos. Zully Melo eligió otro titulo para hacer coincidir la biblia junto al calefón. La imagen esparce esos escombros en todas direcciones; ya no hay arterias para transitar. Lo expreso también Charly Garcia: “He muerto muchas veces, acribillado en la ciudad...Pero es mejor ser muerto, que un numero que viene y va. Sin embargo, al ascender entre los escombros, surge una imagen estabilizada. Parece ser el ábside de un iglesia coronada por la cruz. El azul del cielo mantiene viva la esperanza.